
DESDE ABAJO
Abrí la puerta sin golpear de esta colina y nadie me ha visto ni se ha dado vuelta, tal vez un pájaro más lejos me esté mirando con la mesura de la distancia. Nadie me ha herido. Me senté a oír el silencio del universal que de veras predica. Me incliné con respeto y besé la tierra. La música se movía cuándo yo era el quieto, cuándo acerqué los ojos tan bajos cómo llegaron, a ese surco de aguja azul por dónde las aguas doblan. Me deslicé por un tobogán de mano abierta hasta llegar a la orilla. Con la misma sensación de la madre que acuna a un hijo. Y me detuvo en el borde del lago como muestra y ofrenda.. Me pidió quedarme quieta un rato para que la geografía más nueva supiera, bosquejando apenas, cómo habían sido los hijos que le habían quitado. Sin velarios, sólo la noche azul e inmensa con toda su eternidad.
Mercedes Sáenz
Mercedes Sáenz
3 comentarios:
Me gusta como siempre tus escritos..
Escelnte
saludos fraternos
un abrazo
Como no leerte y releerte Merci,las musas tienen que sonreir felices de poder expresarse por tu mano.Un abrazo de A.Dulac
Otra prosa sabia, en la que habla y medita la soledad y la naturaleza, abrazos sentidos, Julia
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