A pedido de quién sabe que lo pidió, con todo cariño.
LA PALABRA QUE NO EXISTE
Se mueren delante de ella, se callan solas. La ha buscado sin cansarse y encuentra sombras, dónde había sombras. Aturdida, pone las manos en la cabeza para evitar que la lluvia tape sus oídos. Acaban de decirle que debe dejar que la muerte llegue.
Muerte. Ya se ha muerto otras veces. No de silencio, pero tan finito el límite que se abrazó a un diccionario. No hay palabra amable para la muerte.
¿A quién le dirá? No se anda por ahí diciendo que una está muerta. Ni deben de andar diciéndolo aquellos que creen que aún está viva.
Dónde esconderse, detrás de lo que fue, detrás de alguna conjugación que no quiere hacer ahora. Baila, tal vez la deslizan, por un eterno tobogán que no llega ni al arena ni al agua. Ni al pasto fresco.
Le han pedido que se muera. También le habían pedido que no juegue con la muerte. Con una vez alcanza y sobra.
Igual hizo las compras, atendió su casa y soltó para siempre al perro. No igual cuando se dio el último baño y pensó en su cuerpo.
Las huellas estaban ahí. Nadie podía leerlas ahora.
Las últimas voces, esas que una se cree que se oyen de memoria, apretaban contra el parietal. Parietal, tampoco le gustaba esa palabra. En donde las venas más se sienten siempre hay un pedazo de corazón, sino donde buscarlo.
Ocho nombres propios terminan el diccionario. Del final para adelante sólo queda “zutano”. Breve aclaración de fulano y mengano. Zutana del África oriental. Zutana sola. Sólo queda zutano.
No hay palabra. Sólo nombres propios y el de ella, ni siquiera en la zeta, estaba en el diccionario.
Mercedes Sáenz
martes 16 de noviembre de 2010
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Quzas la palabra Merci, sea el exhorcismo ante la muerte, de lo que estoy segura es que con tu voz-eterna- siempre le harás zancadillas a la parca. Un abrazo fuerte, fuerte.
ResponderSuprimiramelia
La falta de identidad suele ser la muerte. Felicitaciones, Merci.
ResponderSuprimirMARITA RAGOZZA
Muerte me llega de tus manos, ésas con las que escribís, tan pero tan fuerte, que yo, que la tuve tan cerca una vez y ahora casi, me da la sensación que una maga, vos maga de la palabra, escribe por mí.
ResponderSuprimirCon mi cariño
Sonia
"Se mueren delante de ella, se callan solas. La ha buscado sin cansarse y encuentra sombras, dónde había sombras." Así sacuden desde un principio tus palabras, Merci, como un rosal empezando a echar espinas ante un vendabal. Le haces una zancadilla al dolor, y pones la muerte de todos a bailar entre tus palabras danzarinas por sí mismas. Blanco, Merci. Colibrí herido aleteando orejas de elefante.
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