
DE NADIE
Mañana de viernes, y otra vez el frío. Esta vez está con forma de destornillador y yo soy el tornillo. Empezó por dónde terminan mis pies.
Llegué cerca de las nueve a dónde trabajo.
Casi todas las mañanas digo lo mismo.
Hablo de los colores, las sensaciones, los bordes de las cosas, me sorprende todos los días pensar en todo lo que hay delante y detrás de nosotros, tan poco concientes de que para verlas tenemos que tenerlas primero adentro. Y canejo que con los dichos de los que leo, me gira la cabeza con sus inmensidades. Y sobre las idioteces que yo pienso se me suman sus genialidades que parece que las hubiera leído desde siempre. O sea que ese resultado amanece siempre. Supongo que disminuye un poco cada día y entonces se hace cada vez más grande. La frase la quiero dejar así, porque así salió. Digo que la diferencia entre esa sabiduría y muchos de otros que somos nosotros, se hace cada vez más grande. La curiosidad anda por todas partes y crece y crece y cuánto más se intenta achicarla es infinitamente más grande. Grande también es una palabra que quiero dejar repetida.
Hay un tiempo de separar las cosas, la realidad es que el anillo que circunda parece haberse desteñido, haber dejado su metal que todo lo quiere resistir y ponerse blando. Su blandura tiene a cuestas que la mano parece que puede agarrarlo, pero no es cierto. Nunca se parte, es decir no se corta.
Canejo es una palabra que debiera conocerse, al menos en toda América del Sur. Es a veces tan representativa de toda una mezcla de palabras. Suena el canejo a cansancio triste, a veces a lucha o reacción, a veces a ternura. No me digas que la mayoría de las palabras, porque en algún punto debes tener razón ya que a mi no me interesa tenerla y somos dos en algún punto del mundo. Cuándo estoy sola y no escribo también somos dos porque en silencio me hablo y me contesto en esto que no deja de hacerme preguntas. En la quietud de la noche, (en realidad no es muy quieta), oigo ruidos siempre, silencios hermosos, sonidos de una vez, así que no puedo medir su intensidad. A veces pido, pero el sonido no parece oír, pido, pero no vuelve.
Duele hoy el frío. Me haría un ovillo de lana de oveja, me abrigaría con mis propios enredos sin tener que explicar mi existencia.
Empieza para todos el fin de semana, por lo menos así en esta parte del mundo. Desde que conozco, perdón desde que sé que existe porque no sé casi nada, aprendí a pensar en lo simultáneo del mundo, mucho más fuerte que cuándo sabía con el diario (además de parcial), de las guerras, del hambre y del frío y de sus otros extremos desesperantes. De los chicos, el tema de los chicos me trastorna. Hay una susceptibilidad especial con eso, imposible de manejar, no sé si tiene que ver con mi infancia. Creo que me hubiera pasado de todas maneras.
¿A qué abrir esta ventana que es cómo quedarse hablando sola? Creo que es una necesidad. Ayer me pasó algo feo en Internet. No sé manejarla bien. De todas maneras se es tan perdido los sentidos que poco trasciende.
Una cree estar sola y es una vidriera de espejos tan grandemente absurda.
Una está sola y es absolutamente grande y absurda, por eso creo que pasa.
Hasta otro día. Escribí desde la madrugada hasta ahora. El sol está ahora tibio cómo para que un libro que ya tengo haga de mago conmigo.
Mercedes Sáenz