sábado 28 de noviembre de 2009



NADIE NINGUNO

Hubo esta noche en que desperté en un agujero, rodeada de pájaros amarillos y negros que aleteaban cerca y sus alas soplaban sin tocarme. Hubo esta noche en que la tristeza era más fuerte que el miedo y mi cuerpo muro descolgaba pedazos de piel que se hacían transparencia. Hubo esta noche en que hubiera querido no existir, pero salí a la luz y mis manos estaban y mis ojos eran espejos huecos, no sabía quién miraba. Hubo esta noche que nadie ninguno había. Intenté llorar pero ya no era ni siquiera un poco.

Mercedes Sáenz

lunes 6 de julio de 2009

DESDE ABAJO


DESDE ABAJO


Abrí la puerta sin golpear de esta colina y nadie me ha visto ni se ha dado vuelta, tal vez un pájaro más lejos me esté mirando con la mesura de la distancia. Nadie me ha herido. Me senté a oír el silencio del universal que de veras predica. Me incliné con respeto y besé la tierra. La música se movía cuándo yo era el quieto, cuándo acerqué los ojos tan bajos cómo llegaron, a ese surco de aguja azul por dónde las aguas doblan. Me deslicé por un tobogán de mano abierta hasta llegar a la orilla. Con la misma sensación de la madre que acuna a un hijo. Y me detuvo en el borde del lago como muestra y ofrenda.. Me pidió quedarme quieta un rato para que la geografía más nueva supiera, bosquejando apenas, cómo habían sido los hijos que le habían quitado. Sin velarios, sólo la noche azul e inmensa con toda su eternidad.

Mercedes Sáenz

miércoles 10 de junio de 2009

EL OCHO

Sin foto, demasiadas aristas tiene para poner una sola.




Saber de qué hermana muerte, dormirme sobre los brazos de la noche sin fisuras de luz, apenas atravesada por hilos de mi tiempo, de ese que marcan los ojos un segundo antes de cerrarse. Las palabras vuelan solas sin corrección, saludan hoy con los tonos más imprevistos. Qué hay de mi mí, cuánto queda en un cuerpo después de tanto...
La vida es un milagro personal que sabe de qué se trata, sólo que nos dice sus secretos cuándo se le da la gana.
Cumplí años y es un milagro la vida…
Las palabras de Violeta Parra, dulcemente en mi cabeza, ya que mi voz es ronca y mi oído para la música es… tronco enorme atravesado en el viento, no en el agua.

Mercedes Sáenz

viernes 29 de mayo de 2009

DE NADIE

DE NADIE




Mañana de viernes, y otra vez el frío. Esta vez está con forma de destornillador y yo soy el tornillo. Empezó por dónde terminan mis pies.
Llegué cerca de las nueve a dónde trabajo.
Casi todas las mañanas digo lo mismo.
Hablo de los colores, las sensaciones, los bordes de las cosas, me sorprende todos los días pensar en todo lo que hay delante y detrás de nosotros, tan poco concientes de que para verlas tenemos que tenerlas primero adentro. Y canejo que con los dichos de los que leo, me gira la cabeza con sus inmensidades. Y sobre las idioteces que yo pienso se me suman sus genialidades que parece que las hubiera leído desde siempre. O sea que ese resultado amanece siempre. Supongo que disminuye un poco cada día y entonces se hace cada vez más grande. La frase la quiero dejar así, porque así salió. Digo que la diferencia entre esa sabiduría y muchos de otros que somos nosotros, se hace cada vez más grande. La curiosidad anda por todas partes y crece y crece y cuánto más se intenta achicarla es infinitamente más grande. Grande también es una palabra que quiero dejar repetida.
Hay un tiempo de separar las cosas, la realidad es que el anillo que circunda parece haberse desteñido, haber dejado su metal que todo lo quiere resistir y ponerse blando. Su blandura tiene a cuestas que la mano parece que puede agarrarlo, pero no es cierto. Nunca se parte, es decir no se corta.
Canejo es una palabra que debiera conocerse, al menos en toda América del Sur. Es a veces tan representativa de toda una mezcla de palabras. Suena el canejo a cansancio triste, a veces a lucha o reacción, a veces a ternura. No me digas que la mayoría de las palabras, porque en algún punto debes tener razón ya que a mi no me interesa tenerla y somos dos en algún punto del mundo. Cuándo estoy sola y no escribo también somos dos porque en silencio me hablo y me contesto en esto que no deja de hacerme preguntas. En la quietud de la noche, (en realidad no es muy quieta), oigo ruidos siempre, silencios hermosos, sonidos de una vez, así que no puedo medir su intensidad. A veces pido, pero el sonido no parece oír, pido, pero no vuelve.
Duele hoy el frío. Me haría un ovillo de lana de oveja, me abrigaría con mis propios enredos sin tener que explicar mi existencia.
Empieza para todos el fin de semana, por lo menos así en esta parte del mundo. Desde que conozco, perdón desde que sé que existe porque no sé casi nada, aprendí a pensar en lo simultáneo del mundo, mucho más fuerte que cuándo sabía con el diario (además de parcial), de las guerras, del hambre y del frío y de sus otros extremos desesperantes. De los chicos, el tema de los chicos me trastorna. Hay una susceptibilidad especial con eso, imposible de manejar, no sé si tiene que ver con mi infancia. Creo que me hubiera pasado de todas maneras.
¿A qué abrir esta ventana que es cómo quedarse hablando sola? Creo que es una necesidad. Ayer me pasó algo feo en Internet. No sé manejarla bien. De todas maneras se es tan perdido los sentidos que poco trasciende.
Una cree estar sola y es una vidriera de espejos tan grandemente absurda.
Una está sola y es absolutamente grande y absurda, por eso creo que pasa.
Hasta otro día. Escribí desde la madrugada hasta ahora. El sol está ahora tibio cómo para que un libro que ya tengo haga de mago conmigo.


Mercedes Sáenz

lunes 4 de mayo de 2009

SENTATE FRENTE A MI

SENTATE FRENTE A MÍ



Vos en tu mejor silla, en que los pies mecedores te hamacaban cómo a alguna vez un bebe.
Las manos cruzadas arriba de tus muslos sostenían una plegaria muda a tu dios personal
Conversábamos así, sentada yo en el suelo con tus manos hermanadas en las mías, juntas y sin apretarse cómo un lazo que traducía las cosas incomprensibles del mundo después de hablar durante tiempos y tiempos.
No eras mi padre, ni siquiera un tío con el que se ha tenido una complicidad de siempre, inalterable y sagrada.
Eras mi amigo, uno mucho más grande de quién aprendí la verdad por sobre todas las cosas y sé que en mí tenías puesta la confianza humana que se puede conocer.
Yo escondía la admiración que te tengo detrás de tus años y muchas veces callé cosas para no lastimarte.
Hoy me pediste que acercara mi oído a tu boca, rozaste con un beso leve mi mejilla y tan lento cómo pudiste me preguntaste si alguna vez vos me habías traicionado y la sangre que nos recorre en esos momentos suele quedarse quieta.
Desde el suelo, te miré mucho más allá de los ojos y te dije que sí.
Bajaste los párpados sin soltar mis manos y yo sabía que aunque me quedara viva nunca más ibas a abrirlos. Las manos ya no eran puentes que podían salvarnos de toda clase de abismos.
La verdad no traiciona dijiste una vez y tus manos se deslizaron de mi. Desde el suelo intenté hamacarte un poco, es ensordecedora la quietud, (mis lágrimas no hacen ruido) y no sé quién ahora me hará saber la diferencia.

Mercedes Sáenz

miércoles 15 de abril de 2009

LARGAS NOCHES

LARGAS NOCHES


Después de bastante tiempo he buscado la luna otra vez, bordear sus giros en la noche oscura. Levantarme con la agilidad de un reflejo y pensar que me sobran las noches de sueño. No hay descalzos en mis pies, el frío es un poco más fuerte. El aire es distinto sin ruidos, es piel en un sutil abrazo.
He vuelto a escribir en la luz que conozco, en las puertas de este día que viene susurrando la magia de ver aparecer, sin máquinas en cámara lenta, las cosas otra vez cómo si recién nacieran.
Un secreto intercambio de luces entre el sol y la luna. Un poco de frío me hace temblar en silencio. Sé que desaparezco entre la vida generosamente.

Mercedes Sáenz

domingo 22 de marzo de 2009

ÁNGELES DE TIERRA Y CIELO

Los he visto una noche de estrellas y una tortuga escondida detrás del pasto, sentados junto a la amistad y a la poesía. Los vi con el corázón en el papel de la mano, la cordialidad y la primera timidez de reconocernos las caras después de habernos sabido primero por las letras.

Y cada poema saliendo de su propia voz, y discutirlo a Neruda,y ver que pasaba con Girondo, y banderas de Vallejos y de Octavio, de Parra y Cortázar en una foto pues de tanto amor que se le tiene también él habita en la calidez una casa muy bella de la anfitriona en Palermo Viejo.
Yo sólo oía, miraba, los miraba, reconociendo su inmensidad en cada centímetro de carne y hueso, en cada letra, algunas ya sabidas por mi, sin haberlos visto jamás. Tan poco sé de ellos, tan poco sé también de todos. Tan grandes eran para mi que lo más que pude decir es el silencio y tomar de tanto en tanto un poco de vino mezclado con agua propia.
Después del placer de escucharlos, después de que los poemas de su autoría nos abrazaran, los abracé a uno por uno. No sé cuándo volveremos a vernos.

Sé que me fui, sabiendo, que me llevaba pedazos de cielos en los que yo creo. Algo así cómo haber pisado la eternidad por unos ratitos. Algo así es la poesía leída cálidamente entre amigos en un cielo abierto, en algún lugar de Palermo Viejo.
Un gracias primero y una emoción después. Uno nunca sabe que decir cuándo se está de visita en esa clase cielos. En realidad creo, que todos dejamos un poco de piel y un poco de huesos y el alma se sale sola.
El alma sale más grande y uno sale medio ciego pues ya no sabe cuál es la forma exacta de su propio cuerpo. Sólo sabe que es más liviano, más puro, más humano.

A quiénes hayan estado ahi, siguen estando conmigo.

Mercedes Sáenz